Charrería


La fiesta charra: Orgullo Nacional.

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La figura del charro mexicano se ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los símbolos esenciales y motivo de orgullo de nuestra nacionalidad a nivel mundial.

Si nos remontamos a la historia de México descubriremos que los primeros charros aparecen en la época de la Colonia española. En 1519, con la llegada de Hernán Cortés, los indígenas tuvieron contacto por primera vez con el caballo. Se dice que cuando lo vieron, pensaron que se trataba de un dios con cuerpo de animal y dorso de humano, ya que no entendían que el jinete fuera uno y el caballo otro, y creían que ambos eran un solo ser, provocándoles tal visión un asombro inimaginable.

A pesar de que convivían diariamente con ellos, los indígenas y os criollos tenían prohibido mondar los caballos, pues eran para uso exclusivo de los conquistadores. Quien se atreviera a quebrantar la legislación europea que así lo mandaba, era severamente castigado, en ocasiones hasta con la pena de muerte. Sin embargo, los indios tenían la obligación de atender a los caballos, y como éstos estaban en libertad, había que lazarlos, jinetearlos y amansarlos con la reata. Fue así como don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España, se vio obligado a otorgar permisos para que los indios pudieran montar los animales, pues había que cuidar el ganado y las tierras. En 1619 fue otorgado el primer permiso escrito para que 20 indígenas de la Hacienda de San Javier, en Pachuca, Hidalgo, pudieran montar libremente con silla, freno y espuelas.

En este tiempo, el varón Sebastián de Aparicio adquirió la Hacienda de Careaga, donde se dedicó a la agricultura y a la ganadería enseñando a los indígenas una nueva actividad: la doma de bovinos y más tarde la del ganado caballar, a pesar de que a principios del siglo XVI todavía estaba prohibida para ellos esa actividad.

En esa época, el virrey Luis de Velasco colocó a su caballo una montura distinta a la que utilizaban los españoes, con características especiales para las necesidades vaqueriles de la Nueva España, lo cual dio origen a las primeras sillas charras.

Fue así como surgió este nuevo oficio que se extendió desde la Meseta Central hasta todos los confines del virreinato, con el nombre de charrería. Nación en las haciendas de Hidalgo, Puebla, Estado de México y Guadalajara y se desarrolló en todo el país.

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Poco a poco, se fue generalizando el uso de los caballos por todos los habitantes. Los hacendados y sus peones de confianza hacían gala de su pericia y su destreza en el manejo de los animales. En 1880 surgió la charrería como una profesión. Fue en la época en que apareció el famoso “Charro Ponciano” cuyas hazañas conocemos por corridos y canciones.

Alrededor del mundo, la charrería ha sido admirada por pintores, músicos, poetas, historiadores y artesanos que se han enamorado de esta tradición mexicana. Así mismo, tiene que ver con la sastrería, la sombrerería, la platería, la zapatería, la fustería y la talabartería, entre otros oficios, e involucra a diversos sectores de la sociedad.

La charrería fue declarada deporta nacional durante el mandato del presidente Manuel Ávila Camacho que instituyó el 14 de septiembre como “Día del Charro”.

Antes, en 1933, se fundó la Federación Nacional de Charros cuyo objetivo era agrupar a las asociaciones de charros del país y elaborar un reglamento común para unificar criterios en la práctica de este deporte nacional, que está catalogado como una de las actividades físicas más completas, ya que cuando se realiza debe aplicarse la fuerza de poder a poder con los animales que están siendo sometidos, lo cual permite ejercitar todos los músculos del cuerpo.

La charrería se divide en 10 suertes y el éxito de su ejecución depende en gran medida de la voluntad del caballo. Los charros no perciben sueldo por actuar y viven de la cooperación del público que va a presenciar su espectáculo.

La charrería también es un deporte para mujeres. En una charreada siempre se incluyen las escaramuzas, esto es, evoluciones coreográficas, a galope o a trote, ejecutadas por mujeres que montan “a mujeriegas”, es decir, al estilo amazona, ataviadas con el traje de Adelita o de ranchera mexicana.

Los charros deben cumplir con un reglamento oficial, tanto para la práctica del deporte como para la vestimenta, y cuentan con un protocolo muy estricto para iniciar las celebraciones y los encuentros entre equipos.

El traje nacional de México es, por excelencia, el atuendo de charro. Hay un refrán que dice que “quien se viste de charro se viste doblemente de caballero”.

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La fiesta charra se inicia con el desfile general de charros, la reina y la escaramuza, quienes recorren el ruedo en sus corceles rinden honores a la bandera. En seguida se suceden las suertes, entre las que se encuentran las siguientes: la cala del caballo, el pilar, el coleadero, la jineteada del toro, la terna, el jineteo de yegua, manganas a pie o a caballo y el paso de la muerte. Al final de la fiesta, las mujeres bailan el jarabe tapatío acompañadas de gallardos charros en un ambiente de fiesta sin igual.

La charrería es un espectáculo lleno de colorido, riesgo, destreza y emoción que contagia con su alegría al público que tiene la oportunidad de participar en uno de los eventos más representativos de las tradiciones mexicanas.

Fuente: Voy & Vengo/Diana Ramírez Magnani